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Monday to Friday: 7AM - 7PM
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Finca Mulata es un Centro Demostrativo de Sostenibilidad en Granadilla de Abona. Un aula abierta en el sur de Tenerife donde la ecología, el bienestar social y los oficios tradicionales se unen para transformar nuestra comunidad desde la raíz.






«Esto no es solo un lugar al que venir a mirar; es un espacio donde remangarse, conectar con la tierra y recordar lo que se siente al crear algo real con tus propias manos. Finca Mulata no es una empresa ni una fría declaración de intenciones. Somos una asociación viva. Somos personas protegiendo nuestro entorno, dándole una segunda oportunidad a los materiales y construyendo una comunidad donde nadie camina solo. Si buscas volver a lo auténtico, ya has encontrado tu casa.»

Todos los que vivimos o trabajamos en el sur de la isla conocemos de sobra la historia:
las colas interminables en la autopista, el tráfico pesado que no avanza,
el reloj corriendo y ese estrés diario que se te mete en los hombros.
Por eso,
Finca Mulata nace como el antídoto a ese ritmo frenético. En el corazón de Granadilla de Abona y a un respiro de la prisa de Arona, San Miguel o los trayectos hacia Vilaflor te espera un santuario donde el tiempo se detiene.
Cambia los frenazos y el asfalto por el aire limpio, el tacto de la madera y el sonido de la naturaleza. Aquí vienes a desconectar de verdad, a crear con tus manos y a reencontrarte con la calma que la rutina te quita. Tu pausa obligatoria está mucho más cerca de lo que crees.
En un mundo que corre demasiado rápido, nosotros hemos decidido detenernos. En Finca Mulata no solo transformamos madera recuperada o hilos de algodón; transformamos la forma en que habitamos este planeta.
Unimos la maestría de la carpintería tradicional de José Carlos con la delicadeza del arte textil de Hilda y la profundidad del bienestar social. No somos una asociación común: somos un puente entre las raíces canario-colombianas y la sostenibilidad del futuro. Aquí, cada pieza creada y cada taller impartido es una prueba de que lo hecho a mano tiene el poder de sanar nuestra tierra y nuestra comunidad.


Vivimos atrapados en un bucle absurdo:
pasamos el día encerrados entre cuatro paredes de hormigón, devorando vídeos de paisajes idílicos a través de una pantalla de cristal líquido mientras el estrés de la autopista nos consume los hombros
y
el reloj nos dicta cómo respirar.
Nos hemos anestesiado. Nos hemos olvidado por completo de lo que se siente al crear algo real con nuestras propias manos, al oler la madera recién cortada, al sentir el tacto de la tierra mojada o al compartir una conversación sin la prisa del siguiente compromiso.
Los 6 bloques que acabas de ver arriba no son simples talleres de pasatiempo ni una fría lista de servicios;
son una declaración de rebeldía.
Son tu vía de escape directa en el sur de Tenerife.
Finca Mulata no se visita con los ojos; se vive con el cuerpo. Es hora de soltar el teléfono, apagar el ruido mental, remangarse las mangas y reclamar el derecho a bajar el ritmo. Porque la vida no ocurre detrás de un monitor; ocurre cuando decides volver a lo auténtico y conectar con una comunidad real que te espera con los brazos abiertos.
Hay momentos en la vida en los que el mundo se detiene y te obliga a mirar hacia dentro. A nosotros nos pasó en el año 2020. Como a ti, y como a tantos otros, el confinamiento nos encerró entre cuatro paredes que, con el paso de las semanas, se sentían cada vez más pequeñas y asfixiantes. El ruido de la televisión traía incertidumbre, las ventanas solo mostraban asfalto vacío y, de repente, nos dimos cuenta de una verdad incómoda: estábamos desconectados de lo que verdaderamente importa. Sentíamos una necesidad profunda, casi física, que nos quemaba el pecho: la urgencia de volver a respirar aire limpio, de pisar tierra mojada y de vivir sin pedir permiso.
Necesitábamos libertad. No una libertad abstracta, sino la de salir a las ocho de la tarde y ver el cielo abierto del sur de Tenerife, no el techo de un salón. Así fue como nos refugiamos en este rincón de Granadilla de Abona.
Al principio, este terreno no era el oasis que ves hoy. Era solo tierra seca, piedra y abandono. Pero en lugar de ver un erial, vimos un lienzo en blanco para sanar nuestras propias heridas del encierro. Lo que empezó como una vía de escape personal para estirar las piernas y huir de la locura del mundo, se convirtió en una obsesión hermosa. Nos dejamos la piel, el sudor y muchas horas de sueño levantando este lugar con nuestras propias manos. Cada piedra colocada, cada palet recuperado de la basura y cada planta sembrada fue nuestra forma de rebelarnos contra el miedo.
Y de esa rebeldía nació la Asociación Mulata Ecocrearte, impulsada por dos almas que fundieron sus raíces canario-colombianas para crear un refugio que hoy te pertenece a ti también.
Detrás de cada rincón de la finca están las manos de José y la energía de Hilda. José es el maestro de la madera. Es el tipo de hombre que mira un tronco viejo tirado en un barranco o un palet astillado y no ve basura; ve una mesa, una estantería o una pieza de arte tradicional. Su paciencia en el taller es infinita, y cuando te enseña a usar la lija o el formón, no solo te está enseñando carpintería: te está enseñando a frenar el ritmo del reloj.
Al otro lado está Hilda, que es la fuerza de la naturaleza que mantiene este lugar vivo. Hilda es la guardiana de la comunidad y del bienestar social. Con su sonrisa te recibe, y a través del arte textil y el crochet, es capaz de tejer lazos invisibles entre personas que entraron aquí siendo desconocidas y se van siendo familia. Ella se asegura de que la finca sea un espacio de conciliación real, donde puedas dejar atrás las prisas, los problemas y el estrés de la autopista.
Finca Mulata no nació para ser una empresa fría, sino un aula abierta y un santuario vivo. Levantamos este lugar para recordar que otra forma de vivir es posible: una más lenta, más humana y en paz con la tierra. Bienvenidos a nuestro refugio. Deja los problemas fuera, porque aquí dentro el tiempo vuelve a ser tuyo.

Finca Mulata es el espacio físico donde nos encontramos, pero la Asociación Socio Cultural Medio Ambiental Mulata Ecocrearte es el motor invisible que hace que cada rincón cobre vida. Operamos legalmente como una entidad sin ánimo de lucro, lo que significa que aquí no existen los intereses comerciales ni los beneficios privados: cada céntimo que entra, cada recurso que se consigue y cada hora de trabajo voluntario se reinvierte íntegramente en la regeneración de la tierra y en el apoyo a nuestra comunidad en el sur de Tenerife.
En nuestra asociación no tenemos clientes ni usuarios pasivos; tenemos asociados, colaboradores y creadores que asumen un papel activo en el cambio. Sostener un proyecto de esta envergadura de forma independiente es un acto de valentía, y lo logramos blindando tres pilares fundamentales que definen nuestro impacto diario:
Mantener este escudo medioambiental y social en Granadilla de Abona no depende de grandes subvenciones públicas que a veces nunca llegan; depende de la cuota de las personas que deciden dar el paso, asociarse y comprometerse con el proyecto. Somos una comunidad autogestionada que demuestra que la verdadera transformación no se pide, se hace desde la base local.